Cinco paradas por la costa asturiana

Descubre con Goodyear y Nani Arenas los mejores paisajes de la costa asturiana: un viaje por playas y pueblos pesqueros

Recorrer en coche la costa asturiana. Uno de esos viajes placenteros donde salen al paso desde pueblos encantadores a ciudades aderezadas con paisajes de ensueño: el Cantábrico a un lado, las cumbres de los Picos de Europa al otro. Y la mente relajada para recorrer los  354 kilómetros que separan el Oriente del Occidente.

Empezamos la ruta en la frontera con Santander y acabamos ya a las puertas de Galicia. Los tesoros son muchos y las playas innumerables pero el tiempo escaso, así que toca seleccionar cinco paradas imprescindibles. Antes de poner el coche en marcha un aviso. Aunque la autovía del noroeste, la A-8 cruza toda Asturias, mi consejo es que hagáis parte del viaje por la vieja N-634, ¿nos vamos?

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    Llanes: más de 40 playas y calas

    Empezamos en el Oriente, en el municipio de Llanes. Su seña de identidad son sus más de 40 playas. Muchas de ellas calas rodeadas por el verde intenso de una vegetación exuberante. Imprescindible la contemplación de arenales como Gulpiyuri o Torimbia, para los amantes del naturismo. O de Cuevas del Mar o Toró, con esas rocas que más bien parecen esculturas sobre la arena nacidas de la mente de algún artista osado. Todas protegidas por los crestas altivas Picos de Europa. No tengo constancia de que haya muchos lugares en el mundo donde las montañas estén tan cerca del mar.

    Tras deleitarse con este paisaje natural toca ya dar un paseo por la villa de Llanes. A ser posible fuera de temporada pues en verano es bien cierto que se satura. Sin embargo es en los fines de semana de primavera y otoño cuando mejor se saborea la esencia de una localidad nacida al abrigo del puerto pesquero. Donde han florecido un entramado de tascas y restaurantes donde el sabor a pescado fresco marina de cine con la sidra recién escanciada.

     

    Ribadesella: descenso del Sella y más

    Segunda parada, Ribadesella, famosa por varias razones. La más importante: es la meta del colorista Descenso Internacional del Sella. La prueba reina para los amantes del piragüismo que se vive todos los años el primer fin de semana de agosto. Tres días en los que la localidad se llena de gente y muestra una imagen que dista mucho de la tranquilidad habitual del resto del año.

    Una vez situados, recordar que fue una tal María Josefa Argüelles, hija de un indiano quien mandó levantar en 1904, el que fue el “palacio” de la playa de Santa Marina. Tras ella llegaron otros ilustres apellidos. Y la moda de veranear en la playa y de hacerse un palacete con vistas al mar en Ribadesella se extendió. De ahí ese paseo rebosante residencias modernistas y afrancesadas que aún se conservan. Eso sí, separadas por un puente de los habitantes de la llamada villa vieja, donde todavía encontramos dos barrios bien distintos entre sí: el Portiellu, con su aroma rural y la villa noble que se concentra alrededor del Ayuntamiento, la iglesia. Y donde encontramos bares y restaurantes donde disfrutar de lo mejor de la gastronomía asturiana.

    Descenso del Sella

    Los imprescindibles de Gijón

    Gijón es una pequeña gran ciudad y hay mucho que hacer en ella, con lo que aquí propongo  hacer parada y fonda. Entre los imprescindibles, perderse por las callejuelas del barrio de Cimadevilla. Se sitúa orillas del puerto deportivo y esconde casonas, palacios y  monumentos dignos de contemplación. Es también la zona más animada de la ciudad, llena de restaurantes y sidrerías que en verano sacan a la calle sus mesas de madera. No dejes de acercarte a preguntar que hay en cartel en el Palacio de Revillagigedo, referencia en la vida cultural de Gijón. Y por supuesto, hazte una foto en la plaza Mayor.

    Cimadevilla se extiende hasta  el cerro de Santa Catalina o la Atalaya, monte que divide la ciudad y donde reina  la icónica escultura de Eduardo Chillida, la llamada Elogio del Horizonte. Una obra que pretende simbolizar por un lado la despedida al emigrante y por otro el abrazo a quien regresa. Todo un símbolo de la ciudad.  

    La iglesia de San Pedro preside la Escalerona, donde finaliza Cimadevilla y empieza el paseo marítimo y la playa de San Lorenzo. Si te animas, no dejes de recorrer el paseo marítimo hasta alcanzar el Monumento a la Madre del Emigrante, escultura también conocida como “La lloca”), vieja conocida de los gijoneses.

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    Cudillero, ¿las mejores vistas del Cantábrico?

    Llegamos a Cudillero uno de los pueblos típicos de la costa cantábrica. Digno de ver por  su forma de anfiteatro con casas escalonadas donde antaño habitaban cazadores de ballenas, actividad principal de este puerto. Cabe matizar que entre los siglos XV y XVII en la costa cantábrica habitaban cetáceos que dieron de comer a los navegantes.

    Actualmente Cudillero vive del turismo y de la vida de su plaza rebosante de terrazas con mesas y sillas de madera. No dejes pasar la oportunidad de callejear por sus empinadas calles. También recomiendo subir a la atalaya desde donde se contemplan hermosas vistas del mar Cantábrico.

    ¡Ojo!, no te extrañe si no entiendes a la gente. En Cudillero se habla un dialecto llamado pixueto, el cual según los estudiosos es una curiosa mezcla del idioma vikingo (viejos pobladores de la zona) con el bable. Con este nombre se denomina también a los habitantes de Cudillero.

    Antes de partir, dedica unos minutos para acércarte al Pito, donde reina el palacio de los Selgas. Mansión de estilo afrancesada con exuberantes jardines única en todo el Principado, que encontrarás dentro de La Quinta Selgas. 

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    Luarca, la Villa Blanca de la Costa Verde

    Y poco a poco llegamos al Oriente y paramos en Luarca. Otra de esas localidades que antaño vivía de la pesca de ballenas y fue, hasta finales del siglo XIX fue uno de los puertos más importantes de Asturias. Nada más entrar observamos que Luarca, la villa de los siete puentes, está partida en dos por el río Negro. A un lado el barrio del Cambaral y al otro del de la Pescadería.

    Si te sobra tiempo. Un consejo. El paso por Luarca, la Villa Blanca de la Costa Verde, no es completo si no se visita el cementerio, hermoso por su privilegiada ubicación frente al mar y por el estilo modernista de sus panteones, ejemplo de un tipo de arte funerario que se desarrolló en Asturias a principios del siglo XX. Para llegar, sigue el camino que lleva a la ermita de la Atalaya, junto al faro.  Buen lugar donde rematar este viaje por la costa asturiana. Una ruta por playas y pueblos pesqueros para disfrutar de los “kilómetros que cuentan”. No hace falta que te preguntes dónde comer porque Asturias está plagada de rutas gastronómicas con encanto en busca incluso de la mejor fabada. ¿Te atreves?

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    Nani Arenas
    Periodista especializada en viajes y comunicación turística. Firma habitual en medios de comunicación especializados en viajes: El País, National Geographíc España, El Mundo, revista Viajar, Altaïr, Rutas del Mundo, Conde Nast Traveler.…En 2008 creó http://www.laviajeraempedernida.com/, actualmente considerado uno de los blogs de viajes más influyentes de habla hispana. Y es miembro de la red de comunicadores Travel Inspirers, uno de los grupos de comunicación digital más fuertes en el segmento “travel" en lengua española