Filtro de partículas: qué es y para qué sirve

12 febrero | 2019 | Goodyear

Un filtro de partículas es un sistema conectado al tubo de escape que permite atrapar las partículas sólidas en suspensión (hollín o carbonilla) y eliminarlas mediante un proceso de regeneración (automática o forzada) que depende de la tecnología usada. Se puede eliminar hasta el 85% del hollín y en algunas situaciones de conducción casi 100%.

Cómo funciona el filtro de partículas

El uso del filtro de partículas, también conocido como DPF, siglas inglesas de filtro anti-partículas diésel, o FAP, sus siglas en francés, es obligatorio desde 2011 dentro de la normativa europea medioambiental. El filtro de partículas permite el control de la emisión de partículas contaminantes y una conducción más ecológica.

Para realizar el proceso de regeneración automática (incineración de las partículas de carbonilla), el filtro necesita que el motor circule durante una media hora aproximadamente por encima de las 2.500 rpm para que los gases de escape alcancen una temperatura lo suficientemente elevada. Si no se circula con frecuencia por encima de este régimen, cuando el filtro está lleno de partículas, el propio motor tendrá que realizar un ciclo de regeneración; para ello, inyectará más carburante del habitual para aumentar la temperatura de los gases de escape.

Piezas de coches

Cómo afecta nuestra conducción al filtro de partículas

Nuestra forma de conducir afecta al funcionamiento del filtro de partículas. Circular con un coche diesel con regímenes bajos dificulta el proceso de regeneración. Arranques en frío y frecuentes paradas, conducción en ciudad con trayectos cortos o el uso poco frecuente del coche impide que los filtros alcancen la temperatura óptima para la regeneración de las partículas lo que llevará a una pérdida de eficacia y un aumento del consumo de combustible.

Conducir habitualmente en marchas muy largas sin apenas llegar a las 2.000 rpm produce el mismo efecto en el mal funcionamiento del filtro de partículas. Los sistemas de stop&start de parada y arranque tampoco ayudan porque apagan el motor.

Mantenimiento del filtro de partículas

Como cualquier filtro que retiene impurezas, los filtros de partículas deben limpiarse de forma regular. Los coches diésel modernos incorporan protocolos para la regeneración del filtro de partículas. Son capaces de identificar la situación y activar la limpieza del filtro. En estos casos, lo que se recomiendan al conductor es no parar el ciclo de regeneración una vez comience y, por tanto, seguir circulando hasta su finalización.

El aumento del nivel de aceite del motor en ocasiones es síntoma de un mal funcionamiento del filtro de partículas. Lo que nos avisa de la necesidad de una regeneración manual. Para forzarla a veces no solo es necesario llevar el coche por encima de 2.000 rpm (2.000 a 2.500) unos 15 minutos, sino que será necesario subir el motor a más de 2.500 rpm (2.500 a 3.000) y mantenerlo en este punto durante 20-30 minutos.

Este solución no siempre es suficiente. En algunas ocasiones será necesaria una regeneración forzada, lo que supondrá una visita al taller y tendrá un coste de entre 50 y 100 €. La limpieza del filtro a presión eleva el coste hasta los 200 euros y el cambio completo del filtro supone un desembolso de 1.500-3.000 euros dependiendo del modelo de coche.

Los filtros normalmente se sustituyen entre 80.000 y 200.000 kilómetros. Lo normal es no tener ningún problema hasta los 120.000 km. En algunos casos, la duración de este filtro supera los 250.000 km sin ninguna tarea de mantenimiento.

Filtro de partículas en un coche a gasolina

La regeneración es diferente según el modelo de coche o su antigüedad (la tecnología moderna permite regeneraciones automáticas, sino que también depende del combustible. En el caso de los motores diésel, requieren conducir durante un tiempo a una velocidad constante y a un régimen de revoluciones en torno a 2.500-3.000 rpm. Para la limpieza del filtro de un motor a gasolina se lleva a cabo con la retención del motor, lo que se conoce como una regeneración pasiva. Las partículas sólidas se queman gracias a la elevada temperatura de los gases de escape –de entre 400 y 700 grados- y al oxígeno.

Vigila el nivel de aceite de tu vehículo y el consumo de combustible y eficiencia porque pueden ser señal de un mal funcionamiento de tu filtro de partículas. Evita con los diferentes procesos de regeneración una avería mayor que podría desembocar en un costoso cambio de filtro.

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