5 platos típicos de Semana Santa

Te presentamos las mejores recetas para elaborar durante estos días ¡aprovecha las vacaciones como se merecen!

La Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Muchos de vosotros habréis organizado algún viaje aprovechando los días de descanso, otros habréis considerado que la mejor opción es quedarse en casa o ir hasta el pueblo para disfrutar de unos días tranquilos. Ya sea de la manera más moderna o la más tradicional, hay algo que no puede faltar en estos días, los típicos platos de Semana Santa.
La Semana Santa es una fiesta cristiana que conmemora la muerte y resurrección de Jesucristo. Desde muy antiguo, estos días se relacionaron también con el recogimiento y el ayuno, algo que también se dejó ver, a lo largo de los siglos y hasta nuestros días, en los platos típicos que se elaboran. Todos tiene algo en común: no hay carne. En los días de Semana Santa (y cada viernes durante la Cuaresma) se evita comer carne por representar esta el cuerpo de Jesucristo en la cruza. Ya seáis religiosos o no, los platos típicos para estos días se caracterizan por su frugalidad y por la ausencia de carnes. La tradición manda y hoy os presentamos cinco platos típicos de Semana Santa que desearéis comer.

Sopas de ajo, un plato reconstituyente

De origen castellano, las sopas de ajo son algo que no debe faltar en los menús de Semana Santa. También llamada ‘sopa castellana’ se comía sobre todo en épocas de escasez por sus altos nutrientes. Hay numerosas variantes de este plato y muchas de ellas llevan carne; pero como estamos pensando en platos típicos para la Semana Santa, os dejaremos la receta original, que es muy sencilla de hacer. Simplemente se necesite un cuenco de barro – fuente u olla – que será en dónde mejor se cocinen. Los ingredientes necesarios son: pan (normalmente se utiliza el pan de días anteriores, pues este ya no se puede comer),  ajos, agua, aceite, pimentón, huevos y sal. En la cazuela de barro, con un poco de aceite, se rehogan los dientes de ajo enteros y se añade el pan en rebanadas, pimentón, agua y sal y se deja cocinar aproximadamente 10 minutos. Pasado ese tiempo, se añaden un par de huevos que irán haciendo encima de la sopa. Cuando la yema esté blanca es que ya están listas. La cantidad de ajo o pimentón es a gusto del consumidor. Unas sopas más fuertes llevarán más ajo y unas más ligeras, menos. Igualmente pasa con el pimentón, que se puede elegir picante o dulce, como más guste. Estas sopas son muy típicas en las procesiones de Castilla y León. En las denominadas ‘madrugadas’ (procesiones de madrugada de Viernes Santo) de ciudades como Palencia o Zamora se termina la noche comiendo las típicas sopas de ajo. Al ser un plato que no se consume en muchas ocasiones, se ha puesto de moda también para otras ocasiones, como la madrugada del Año Nuevo, como reconstituyente después de toda una noche de fiesta.

Receta de bacalao

 

Patatas viudas a la riojana, un manjar

Las patatas viudas son otro de los platos típicos de estos días. Se llaman ‘viudas’ por la ausencia de carne, y se elaboran como unas patatas a la riojana normales. Los ingredientes necesarios son 1 kilo de patatas, medio pimiento y media cebolla, dos dientes de ajo, pimentón, aceite, sal y una hoja de laurel. La elaboración es muy sencilla: se trocean las patatas cascándolas, es decir, dejando que la rotura final de cada trozo sea a mano; se pica la cebolla, el pimiento y el ajo y se doran en una cazuela. Cuando estén algo hechas, se añaden las patatas y se rehogan. Se añade el pimentón y la sal y se cubren con agua dejándolas cocer aproximadamente unos 40 minutos, con una hoja de laurel para que le de algo más de sabor. Una vez listas se añade un poco más de pimentón y un chorrito de aceite de oliva antes de servir. Es un plato típico de Semana Santa porque resulta muy económico y ligero, pero aporta también ingredientes muy saciantes.

Bacalao al pil pil, la tradición hecha comida

En Semana Santa no puede faltar un buen plato de bacalao. Se elabora de todas las formas posibles y es probable que en vuestras casas tengáis una manera propia de cocinarlo. Os indicamos una de las recetas más tradicionales para estos días: el bacalao al pil pil. Su elaboración es sencilla. Como ingredientes se necesitan: 2 trozos de bacalao (es la temporada de este pez, por lo que los precios resultan más económicos); 5 dientes de ajo, media guindilla (o 2 cayenas) y aceite de oliva virgen extra. Se rehogan los ajos en una sartén y se apartan, se hace lo mismo con la guindilla troceada en cuatro partes. En el mismo aceite, se cocina el bacalao previamente desalado, cuatro minutos por cada lado, comenzando por la zona en la que tenga piel. Después de haberlo rehogado, el bacalao habrá soltado una gelatina que flotará sobre el aceite. Se separa la gelatina del aceite y se reserva. Es el momento de elaborar la salsa: se vierte la gelatina poco a poco con un colador en una cazuela grande y se remueve; después se añade un poco de aceite y se echa el resto de la gelatina de bacalao, esperando a que se haga una salsa espesa. Cuando esté lista se añaden los trozos de bacalao y se calientan bien. Este plato proviene de la cocina vasca y se suele cocinar también en cazuela de barro, como tradicionalmente se hacía. Pero ¿sabéis por qué se le dice al ‘pil pil’? Según una teoría porque es el ruido que hacen las burbujas del pescado al cocinarlo aunque otra de las teorías asegura que se debe a la guindilla – ingrediente más típico para elaborarlo – cuyo nombre en swahili es ‘piri-piri’. En cualquier caso es un plato espectacular para estos días.

Potaje de garbanzos y espinacas, perfecto para las madrugadas

¿Qué sería de la Semana Santa sin un buen potaje? Es uno de los platos que más se cocinan durante estos días. Se preparan de diferentes maneras pero esta es la receta de un plato que viene haciéndose desde el medievo y que tiene como ingrediente principal el bacalao en salazón. Después de haber dejado desalar el bacalao convenientemente tan sólo se necesitan unos pocos ingredientes para elaborar este suculento plato: bacalao , garbanzos y espinacas o en su variante alubias blancas, 2 cebollas, 4 dientes de ajo, 1 rebanada de pan, sal, pimentón y aceite de oliva. Hay que recordar que tanto las alubias como los garbanzos hay que dejarlos previamente en remojo para que se cocinen más fácilmente. El procedimiento es el común para un potaje cualquiera. Se rehogan los ajos y las cebollas y se añade para su cocido los garbanzos y las espinacas o alubias (hay que tener en cuenta que tanto los garbanzos como las alubias tardan bastante en cocinarse, por lo que lo mejor es utilizar una olla a presión). Se añade la rebanada de pan y los condimentos y se deja cocer, cuando le falten apenas 5 minutos se añade también el bacalao desmigado. Un buen plato de cuchara que será un buen reconstituyente después de las numerosas procesiones.

Receta de potaje

Torrijas, el postre perfecto

No podía faltar el postre más típico de todos. A pesar de que se pueden preparar durante todo el año, es en esta época en la que más se comen. ¿Quién no se ha dejado tentar por unas buenas torrijas después de una sopa o de un suculento plato de bacalao? Además de ser un plato estupendo, se puede preparar en familia. Hasta los más pequeños pueden echar una mano. Los ingredientes necesarios son: una barra de pan duro, 1 litro de leche, 3 huevos, un limón, 2 ramitas de canela, aceite de oliva, canela molida y azúcar. La preparación es muy sencilla: se hierve la leche con una rama de canela y la corteza del limón, cuando esté hirviendo se retira y se pasa por un colador. El pan se corta en rodajas gorditas y se extiende en una fuente en la que se verterá la leche (cuando esté fría) hasta cubrirlas por completo. Cuando las rebanadas de pan estén bien empapadas se retiran y se pasan por el huevo batido y se fríen en aceite abundante. Antes de servir, se escurren bien en papel absorbente y se rebozan bien en una mezcla de azúcar y canela. El origen de las torrijas es muy curioso: ya se tiene referencia de las primeras recetas en el año I d. De C. Pero es en el siglo XV cuando empiezan a elaborarse de la forma que conocemos actualmente. Se comían en época de dificultades económicas porque resultaba un plato muy barato y con muchos nutrientes. Era un plato especialmente destinado a las mujeres que habían dado a luz, por su alto contenido en azúcar y como reconstituyente. Fue sólo siglos más tarde cuando se empezaron a elaborar en época de Cuaresma para suplir la falta de nutrientes de la carne o en días de ayuno.
Estamos seguros que después de haber visto estas suculentas recetas os ha entrado hambre. Así que ya sabéis, poneos en acción y preparad estos sencillos platos típicos de Semana Santa. Y si sois de los que viajais a casa de los padres o abuelos por estas fechas ¡llevad tuppers disponibles! Estamos seguros de que los más pequeños acabarán con las torrijas durante el viaje