Volver a la infancia en el Tibidabo

7 mayo | 2015 | Goodyear

¿Por qué cuando pensamos en un parque de atracciones nos limitamos a imaginar a los más enanos corriendo como locos y gritando como si no hubiera un mañana? Pués siento decirte que… ¡Estamos muy, pero que muy, equivocados! Yo también pensaba que tras la adorable infancia y aquello de “disfrutar como un enano”, para ciertos planes ya se me había pasado el arroz. Pero, ¿de verdad te crees que estamos tan mayores?

 

Pues bien, el sábado, lo que iba a ser el planazo de los niños en el Tibidabo, acabó siendo un día redondo para todos, los locos bajitos y los más crecidos en edad. Digo en edad porque, tras todo un día de máxima adrenalina en decenas de atracciones, está claro que la mayoría de edad es cosa únicamente de documentos y alguna que otra cana que empieza a asomar.

Tibidabo

Desde el primer momento en que compramos los tickets nos invadió una sensación muy parecida a la que tienes en el periodo de tiempo que transcurre entre que te dan un regalo y el momento en que descubres qué se esconde tras el envoltorio. ¿Y qué escondía aquella entrada? 25 atracciones para todo tipo de públicos, espectáculos y animación para amenizar las dosis de pura energía en vagones y circuitos a máxima velocidad. Para lo que te aseguro que no había lugar es para el aburrimiento, que no sólo está prohibido, sino que con tanta forma de elegir dónde pasarlo bien, aburrirse no es posible, ni siquiera para nosotros, comúnmente conocidos como adultos.

 

Por si fuera poco, también hay espacio para un placentero paseo por el Camí del Cel, considerado uno de los lugares desde los que apreciar las mejores vistas de Barcelona desde sus 500 metros de altura. Tal es el encanto de este lugar que el mismísimo Woody Allen lo escogió para rodar algunas escenas de Vicky Cristina Barcelona.

 

Y, como la película, nuestra experiencia en el Tibidabo fue también de Óscar.

Good Year Kilometros que cuentan