Qué ver en Córdoba, ciudad milenaria de patios y ferias

16 junio | 2021 | David Escribano de "Viaja Blog"

¿Pensando qué ver en Córdoba? Entra y descubre los mejores planes e ideas para disfrutar de esta milenaria ciudad

Las aguas del Guadalquivir fluyen tranquilas bajo un puente milenario de hechura romana. Caminando sobre sus piedras llegas a los muros que guardan un híbrido de mezquita musulmana y catedral cristiana. A pocos metros de ella, una maraña de callejuelas, estrechas y serpenteantes, forman el antiguo barrio judío.

En tan sólo unas líneas te haces una idea de la rica historia y diversidad de una Córdoba señorial que tiene el honor y la responsabilidad de figurar entre las ciudades más bellas de España. Siendo un enamorado de la ciudad y con el fin de que la disfrutes al máximo, me atrevo a sugerirte esta lista de lugares que ver y cosas que hacer en Córdoba.

El Puente Romano

La mayoría de lugares de interés que ver en Córdoba se encuentran en su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994. Para acceder a él desde la otra orilla del Guadalquivir, la única manera – hasta mediados del siglo XX – era cruzar sobre el puente romano, también conocido como el Puente Viejo.

Sus 331 metros de piedra, se elevaron sobre el río en el siglo I. Durante sus casi 2.000 años de historia, el puente ha sufrido varias transformaciones llevadas a cabo por las distintas civilizaciones que se asentaron en la ciudad, siendo las más importantes las realizadas durante la época del califato, la consumación de la Reconquista y a principios del siglo XX. Por ello, sólo los arcos 14 y 15 – comenzando a contar desde la Puerta del Puente – son originales.

No sólo la piedra le confiere vida a este lugar, sino el entorno natural que le rodea. Enclavado en los Sotos de la Albolafia, en esta zona verde anidan más de cien especies distintas de aves, entre arbustos, árboles, pastos y antiguos molinos.

Puente romano

La mezquita-catedral

Nada más cruzar el Puente Viejo y entrar en el centro histórico te das de bruces con el monumento más emblemático de Córdoba. Mundialmente conocida como la Mezquita de Córdoba, comenzó a construirse a finales del siglo VIII. Para ello, los musulmanes utilizaron los materiales de la basílica hispanorromana de San Vicente Mártir. Después sería reformada y ampliada durante el emirato y califato de Córdoba, y convertida en catedral tras la Reconquista.

Al entrar al recinto, te recibe la fragancia y el frescor de los naranjos y palmeras que ocupan gran parte del patio principal. Dentro del templo, centenares de columnas y arcos de herradura, bicolores y ornamentados, sostienen una estructura cuya belleza te hace comprender por qué este monumento está considerado como el segundo mejor ejemplo de arte andalusí en Europa, tan sólo superado por La Alhambra de la vecina Granada.

La basílica, de estilo plateresco, se halla incrustada en ese entorno arabesco, como una auténtica intrusa que jamás fue invitada a la fiesta. Puedes subir a la torre del complejo para disfrutar de las vistas más espectaculares de Córdoba. Como truco, debes saber que hay un pase gratuito a las 8.30 am. La Mezquita no abre sus puertas al público general hasta las 9.30 am, así que tendrás una hora para poder explorarla.

Mezquita de Córdoba

Medina-Azahara

Para llegar a una de las cuatro declaraciones de Patrimonio de la Humanidad con las que cuenta esta ciudad hay que desplazarse hasta un yacimiento arqueológico situado a 8 kilómetros del centro. Ahí se encuentra Medina-Azahara, la ciudad que mandó construir Abderramán III en el siglo X y que se convirtió en el epicentro de poder en Córdoba en tiempos del Califato.

Hoy se pueden encontrar salones y jardines espléndidos que permiten recordar el esplendor de este lugar hace más de mil años. Uno de los más espectaculares es el Salón Rico, el lugar que utilizaba el Califa para recibir a los dignatarios que alcanzaban la ciudad. La visita hoy a Medina-Azahara sirve para entender cómo era uno de los centros de poder más importantes de la Edad Media, al mismo tiempo que se sigue excavando para descubrir nuevos emplazamientos.

Medina Azahara

Alcázar de los Reyes Cristianos

En el siglo XIV, cuando la ciudad de Córdoba ya había sido recuperada de la invasión musulmana, se mandó construir una fortaleza sobre los restos del Palacio Califal. Años después, este alcázar fue ocupado por los Reyes Católicos para dirigir la campaña contra el Reino de Granada, que terminó en 1492 con la entrada de los soberanos en la capital nazarí.

Este Alcázar de los Reyes Cristianos es otra de esas visitas que no puedes perderte durante tu estancia en Córdoba. Además de su belleza, con unos patios y jardines espectaculares, fue el lugar en el que Cristóbal Colón pidió ayuda a los Reyes Católicos para viajar a las Indias y que desembocó en el descubrimiento de América. Un monumento cargado de historia, que te recomendamos visitar en primavera, cuando las flores se encuentran en su máximo esplendor y desde el que tienes unas preciosas vistas de la mezquita-catedral.

Alcazar de los Reyes Cristianos

Los Patios de Córdoba

Escondidos entre la belleza imperial de Córdoba, florecen unos patios que guardan los secretos de los habitantes efímeros que pasearon por sus suelos empedrados. En ellos hicieron su vida romanos, árabes, judíos y cristianos. Han sido testigos de alegrías, penas y unas lágrimas que parecen haberse filtrado a través de la piedra para regar las flores que los adornan hoy en día. Estas flores les dan un colorido tan hermoso que la Unesco los declaró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Los patios cordobeses derivan de los tiempos romanos. Su tradición mediterránea les hacía construir sus casas con un exterior sencillo, a las que se accedía a través de un patio de suelo de mármol, normalmente adornado con una fuente central.

Los musulmanes – más celosos de su privacidad – reformaron los patios romanos, incluyendo un tabique que hiciese que la entrada fuera en forma de L, evitando que los curiosos que se asomaran a la puerta pudiesen ver lo que ocurría dentro. Tras la Reconquista, los cristianos tirarían esas paredes abajo.

La última transformación de los patios llegaría en la época moderna, cuando la gente del campo se marchó a la ciudad y varias familias vivían en la misma vivienda. El patio se convirtió en un lugar de uso común, con su lavadero, pozo, fuente y aseo.

Durante las primeras semanas de mayo tiene lugar el Festival de los Patios de Córdoba. Cada uno de ellos presenta una explosión de colorido, con las flores desbordando las macetas. Esos días, los cuidadores de los patios – verdaderos artífices de tanta belleza – reciben a decenas de miles de visitantes como si fueran únicos.

Aunque hay un concurso oficial, no es necesario el aliciente de la inspección de un jurado para que los cuidadores mimen sus patios como si de sus hijos se tratara. Los engalanan cada día – excepto en los tórridos veranos cordobeses – para que luzcan lo mejor posible.

Patios de Córdoba

Feria de Córdoba

A finales de mayo se celebra la Feria de Córdoba para honrar a Nuestra Señora de la Salud. El recinto del Arenal se llena de vida. Caballos y jinetes, gitanas, carrozas y, cómo no, casetas. Las casetas de la feria cordobesa están abiertas a todos los públicos, convirtiéndola en una fiesta popular. La música anima a todo el mundo a bailar mientras corre el vino, el salmorejo cordobés, el jamón y otras muchas delicias gastronómicas andaluzas.

Barrio Judío

Junto a la Mezquita de Córdoba se extiende un laberinto de calles estrechas de casas bajas de fachada blanca. El barrio judío fue el corazón económico y social de la Córdoba del siglo X, cuando la ciudad era considerada la más poblada del mundo conocido y vivía su etapa de máximo esplendor. La sinagoga, las estrechas calles de El Pañuelo y Las Flores y la casa Sefarad son algunos de los lugares que visitar en la Judería.

Barrio judío de Córdoba

Palacio de Viana

En el número 2 de la Plaza de Don Gome encontrarás un bello edificio del siglo XIV, sede del palacio de los marqueses de Viana. Puedes recorrer su interior en una visita guiada. Aunque el lugar ejerce de casa-museo y tiene exposiciones interesantes en la biblioteca y las caballerizas, su exterior fue lo que me cautivó.

El Palacio de Viana presenta doce pequeños patios, todos diferentes, que constituyen un auténtico remanso de paz y belleza. Durante todo el año, un equipo de jardineros cuida de ellos y hay gente que paga la entrada al palacio sólo para venir con su libro y leer en un entorno de tranquilidad, arrullados por el murmullo del agua de las fuentes que adornan los patios.

Plaza de la Corredera

La Plaza de la Corredera no solo es una de las plazas más bonitas de Córdoba, sino de toda España. Se trata de uno de los lugares más concurridos de toda la ciudad, con unos soportales que te trasladan a cualquier plaza de estilo castellano y uno de los centros de reunión más frecuentados por los cordobeses. Disfrutar de sus terrazas y de la gastronomía de la ciudad es un ‘must’ en tu viaje a Córdoba.

Plaza de la Correder

La Plaza de los Capuchinos y el Cristo de los Faroles

Uno de los paseos más bonitos de Córdoba es el que asciende hasta la Cuesta del Bailío, la antigua escalera que comunicaba la parte alta con la zona baja de la ciudad y que es espectacular gracias a las buganvillas que cuelgan de las paredes con su tono fucsia. Al fondo de esas escaleras, y después de girar a la derecha, se llega a la Plaza de los Capuchinos.

Se trata de uno de esos rincones que hacen de Córdoba una ciudad única. Allí se encuentra el conocido como Cristo de los Faroles, una de las imágenes más queridas por los cordobeses y que en Semana Santa se llena de vida. La imagen del Cristo está rodeada por 8 faroles e impresiona por las noches. Además, aquí está el convento de los Capuchinos, que da nombre a la plaza.

Gastronomía cordobesa 

En Córdoba puedes comer muy variado y muy bien. Algunos de los platos más sabrosos que encontrarás en la mayoría de los restaurantes cordobeses son los flamenquines (rebozados rellenos de queso, lomo y jamón), berenjenas con miel, rabo de toro estofado, aceitunas aliñadas, exquisito jamón y salmorejo.

El salmorejo es uno de los platos más típicos de Córdoba. Está compuesto de miga de pan, tomate, sal, ajo, aceite de oliva, jamón serrano y huevo. Es una delicia y perfecto para cuando llega el calor.

Pero no solo de salmorejo vive el cordobés. Otras recetas exquisitas que no puedes dejar de probar durante tu visita a esta ciudad son los flamenquines, unos rollos de lomo de cerdo con jamón que se rebozan y fríen y que encontrarás en todas las tabernas de la ciudad. También las berenjenas fritas con miel, santo y seña de la ciudad, o el rabo de toro.

El Mercado Victoria, situado en una antigua caseta del siglo XIX en el Paseo de la Victoria, es un buen lugar para probar todos estos platos y muchos más de cocinas de todo el mundo.

Patios, feria, gastronomía, historia… ¿Qué más razones necesitas para visitar Córdoba?

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