TPMS: ¿qué significan estas siglas y en qué consiste esta tecnología?

25 noviembre | 2021 | Goodyear

El TPMS es un sistema de seguridad activa que nos recuerda la importancia de llevar siempre la presión correcta del neumático

Los coches actuales están equipados con multitud de sistemas y avisos, ya sean sonoros o luminosos, que nos ayudan a tener una conducción mucho más segura y relajada. La tecnología de nuestro coche nos está constantemente informando y sensores como los de luz, lluvia o ESP nos hacen la vida mucho más fácil al volante. Entre todos los nuevos sistemas y tecnologías que nos ofrecen los coches modernos, quizá el TPMS sea uno de los más desconocidos y curiosamente de los más importantes. Tan importante que desde el 1 de noviembre de 2014, cualquier vehículo nuevo que se venda en el mercado europeo debe equipar, entre otros dispositivos, el TPMS. A continuación, te contamos qué se esconde tras estas siglas que hacen nuestros desplazamientos mucho más seguros.

¿Qué es el TPMS?

El sistema de control de monitorización de la presión de neumáticos, o TPMS por sus siglas en inglés, es un sistema de seguridad activa que nos recuerda la importancia de llevar siempre la presión correcta del neumático: la que marca el fabricante.

La misión de este dispositivo es tan sencilla como importante: avisarnos de una pérdida de presión de inflado en los neumáticos. Si circulamos con una presión incorrecta, no solo aumentamos el consumo de gasolina y la distancia de frenado, sino que el vehículo pierde adherencia con el asfalto y corremos el riesgo de perder estabilidad e incluso el neumático puede llevar a reventar.

Según la DGT, unos neumáticos en mal estado es el principal defecto encontrado en los vehículos implicados en accidentes de circulación, dato que recogía igualmente el estudio de RACE y Goodyear donde se afirma que más de un millón de vehículos circulan con defectos graves en los neumáticos. El TPMS corta todo esto de raíz. Y lo hace mediante señales luminosas y acústicas cuando detecta que la presión ha bajado en alguna rueda. El funcionamiento exacto depende del fabricante y del modelo, pero a modo general podemos ver que hay dos tipos de medición: el TPMS directo y el indirecto.

TPMS directo

Un sensor colocado en cada rueda es el encargado de medir la presión absoluta de forma directa y en tiempo real que tiene el neumático y de enviar el dato a una centralita. Los sensores cuentan con una pequeña batería que les da suficiente autonomía para funcionar sin depender de la energía del vehículo. Si el testigo salta en el salpicadero y se queda fijo, es recomendable circular con más precaución de lo debido y revisar lo antes posible la presión de los neumáticos. Si el testigo se queda parpadeando, hay que realizar una diagnosis del sistema para ver dónde reside el error. Cada fabricante funciona de una manera distinta, pero por lo general, una vez revisada la presión podremos cancelar el aviso de forma manual, gracias a una máquina de diagnosis, o desde el propio ordenador de a bordo del vehículo.

Estos sensores pueden ir adosados a la propia válvula o pegados a la goma del neumático por el interior de la banda de rodadura y son capaces de medir tanto la presión como la temperatura. Eso sí, cada vez que hagamos un cambio de neumáticos o cualquier operación de mantenimiento, hay que calibrar de nuevo los sensores para evitar problemas de medición.

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TPMS indirecto

Se basa en el cálculo de que una rueda con menos presión tiene menor diámetro que una con la presión correcta y, por tanto, gira a una mayor velocidad. En este caso la medición la lleva a cabo los propios sensores del ABS, que al detectar diferencias de velocidad entre las distintas ruedas, muestra un mensaje en el cuadro de mandos informando de una presión de inflado incorrecta.

Averías más comunes del TPMS

La mayoría de los problemas que tienen estos dispositivos es la caducidad de las baterías de los sensores. Pueden durar hasta 7 años, pero no son intercambiables: por tanto, hay que sustituir también el sensor. Los bordillazos y los golpes no sientan bien a los sensores, por tanto hay que evitarlos en la medida de lo posible. En otras ocasiones, si nos quedamos sin batería, o la sustituimos o arrancamos con pinzas, la unidad de mando pierde la codificación de los sensores. Si esto nos ocurre, tendremos que volver a codificarlos usando un equipo de diagnosis específico.

Si aparcamos en una zona en la que se usen inhibidores de frecuencia, se pueden producir errores en la medición. Normalmente con salir de la zona de influencia de los inhibidores es suficiente para que todo vuelva a la normalidad. Por último, el sistema nos puede dar una falsa alarma: un neumático aparcado bajo el sol de agosto puede hacer subir la presión del mismo y enviarnos una alerta que debería desaparecer tan pronto empecemos a conducir y se igualen las temperaturas.

Nuevas tecnologías como el TPMS son muy valiosas, pero como acabamos de ver también pueden fallar; por tanto, jamás deberían ser sustitutivas de nuestra responsabilidad en el cuidado y mantenimiento de nuestro vehículo.

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